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Se jubila Dolores Moral, el alma del Centro de Salud de Benissa tras 35 años cuidando de generaciones de vecinos

Se jubila Dolores Moral, el alma del Centro de Salud de Benissa tras 35 años cuidando de generaciones de vecinos

Se marcha una compañera, una referente y una de esas personas que han contribuido a escribir la historia cotidiana de Benissa

Hay personas que dejan una huella imborrable en un pueblo. No porque ocupen titulares a diario, sino porque han estado presentes en los momentos en los que más se las necesitaba. En la enfermedad, en la incertidumbre, en una palabra, de ánimo o en una sonrisa capaz de aliviar incluso antes de cualquier tratamiento. Ese ha sido el papel de Dolores Moral Cayuela, quien el viernes se despidió del Centro de Salud de Benissa después de dedicarle 35 años de su vida.

Su historia está íntimamente ligada a la del propio centro sanitario. Hace exactamente 35 años, cuando el Centro de Salud de Benissa abría por primera vez sus puertas, Dolores cruzaba las suyas para iniciar una etapa profesional que, sin saberlo, acabaría convirtiéndose en toda una vida de servicio. Este viernes se marchó por esas mismas puertas, esta vez rumbo a una merecida jubilación.

Nacida en Jaén e hija de la emigración, llegó a la Comunitat Valenciana con tan solo ocho años. En 1989 comenzó a trabajar en la Unidad de Salud Mental de la Marina Alta y, pocos años después, la apertura del nuevo Centro de Salud de Benissa le brindó la oportunidad de incorporarse al equipo mediante una mejora de empleo. Aquella decisión marcaría para siempre su trayectoria.

Durante estas tres décadas y media ha visto crecer a Benissa y a sus familias. Ha atendido a abuelos, después a sus hijos y más tarde a sus nietos. Diferentes generaciones de benisseros y benisseras han pasado por sus manos, encontrando no solo una extraordinaria profesional de la enfermería, sino también una persona cercana, humana y capaz de ofrecer ese cariño que tanto se necesita cuando la salud nos pone a prueba.

«Benissa es mi pueblo afectivamente«, asegura emocionada. Una frase que resume el profundo vínculo que ha construido con la localidad. «La mayor parte de la vida la pasas en el trabajo y siempre me he sentido muy querida por toda la población y muy apoyada».

La llegada de la jubilación le provoca sentimientos encontrados. «Intento verlo como un cambio de etapa. No es que tenga ganas de jubilarme, todo lo contrario. Estoy muy satisfecha con todo este tiempo, pero ahora toca otra cosa. He cumplido una etapa y estoy contenta y triste al mismo tiempo». Una despedida en la que se mezclan la satisfacción por el camino recorrido y la nostalgia de dejar atrás un lugar que ha sido mucho más que un puesto de trabajo.

Porque para Dolores, el Centro de Salud de Benissa nunca ha sido únicamente un edificio. «Es casa y es familia», afirma con convencimiento. Explica que muchas de las personas que han pasado por el centro de manera temporal siempre han querido regresar. «Siempre decimos: por algo será». Y ese «algo» tiene mucho que ver con el compañerismo, la unión y el ambiente humano que, según destaca, siempre ha caracterizado al equipo.

«Me llevo una experiencia de mucha unión, mucho compañerismo y muchas ganas de convivir. Como en todos los sitios ha habido momentos difíciles, pero siempre ha predominado el deseo de solucionarlos y seguir trabajando juntos». Esa armonía, asegura, ha terminado reflejándose también en la atención ofrecida a los pacientes.

A pesar de reconocer que el sistema sanitario afronta numerosas dificultades, Dolores tiene la sensación de que la población de Benissa valora positivamente la atención que recibe. «Eso es gracias a las personas que trabajan aquí. El sistema tiene muchos fallos, pero detrás hay profesionales que cada día lo dan todo por los pacientes».

Con su jubilación no solo se despide una enfermera. Se marcha una compañera, una referente y una de esas personas que han contribuido a escribir la historia cotidiana de Benissa desde la cercanía, la vocación y la empatía.

Porque hay profesionales que cumplen con su trabajo y otros que consiguen convertirlo en una forma de cuidar a todo un pueblo. Dolores Moral pertenece, sin duda, a este último grupo.

Ahora se cierra una etapa para ella, pero también para miles de benisseros y benisseras que, en algún momento de estos últimos 35 años, encontraron en Dolores una mano tendida, una palabra de consuelo y la tranquilidad de saber que estaban en las mejores manos.

 

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Raúl Martínez
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